Cerrando ciclo en Fe y Alegría Haití: experiencia de Jorge Vásquez

Haití
Sociólogo de profesión, Jorge Vásquez, de 34 años, trabajó desde abril de 2013 hasta octubre de 2015 como Coordinador del Departamento de Planificación de Foi et Joie Haïti, organización que entrega educación a 4.500 niños y niñas de zonas rurales y la periferia urbana de Puerto Príncipe. Tras dos años y medio de un arduo trabajo, cierra su proyecto y nos cuenta su experiencia vivida en la isla.

Con la mano en su barba escucha las preguntas y reflexiona. Y lo hace con justa razón. Ha pasado bastante tiempo desde que decidió dejar Chile para emprenderse en un total “cambio de vida”, como él mismo dice, en un país donde al ser recién llegado “hasta ir a comprar el pan es un desafío”. “La decisión de emprender el viaje pasa por el convencimiento que vale la pena por aquellos principios básicos que permitan, día a día, ir construyendo un nuevo sentido de humanidad; en Chile, Colombia, el Congo, Quilicura, Jean Rabel o donde sea que se requiera. Como dice un amigo mío que conocí acá en Haití: más vale encender una vela que maldecir la oscuridad” dice tras reflexionar.

Jorge llegó a un proyecto de fortalecimiento institucional de una organización de educación popular que nació de la alianza entre Foi et Joie (Fe y Alegría Haití), América Solidaria y la Federación Latinoamericana de Colegios de la Compañía de Jesús (FLACSI). Las instituciones “unieron esfuerzos a partir de la campaña Ignacianos por Haití”, que reunió fondos a través de los distintos colegios del continente. “Con los fondos reunidos se apoyó la creación de una oficina de planificación que desarrolló una “Hoja de Ruta” de avance para la red de 17 escuelas de Foi et Joie en Haití. Inmenso trabajo y esfuerzo, realmente valioso”.

Como coordinador, Jorge nos cuenta que su tarea era “monitorear el desarrollo de dichas escuelas en diferentes dimensiones de trabajo; como infraestructura, servicios básicos, formación docente, aspectos de administración, comunicaciones, desarrollo pedagógico y vínculo con la comunidad. Además, proponer proyectos que nacieran de las necesidades detectadas por las propias comunidades locales”.

Tal como dice él, una labor tremenda, que tuvo grandes frutos: “dimos pasos gigantes, por ejemplo, en mejorar las condiciones laborales de 160 profesores y del personal administrativo. Se logró algo súper importante: que muchas organizaciones y personas se coordinaran para trabajar juntas. Logramos incluso que la MINUSTAH nos donara 7 conteiner para habilitar una cocina, salas de clase en la escuela de Canaán y oficinas para Formación Técnica y la oficina central de Foi et Joie. Se construyeron salas, baños, se hicieron formaciones, se coordinaron donaciones de material didáctico de UNICEF, etc. Incluso realizamos una consultoría para el Banco Mundial en base a la planificación realizada como propuesta para el Ministerio de Educación de caracterización de escuelas públicas y privadas”.

Para él fue un trabajo que le exigió mucho, en todos los sentidos, y que también lo llevó a vivir experiencias que lo llevaron a descubrir un mundo tan rico como distinto, especialmente “cuando me tocaba salir a visitar las escuelas”. Los viajes eran de “6 a 8 horas por carreteras y caminos de tierra por montañas y ríos. Escuchábamos los discos de “kompa” de nuestro chofer Jean Marie. Agotadores viajes, pero sin duda son los que más echo de menos porque eran los que me acercaban a las comunidades”.

“Las escuelas son algo increíble” dice Jorge sin titubear. La educación en Haití le mostró una cara que jamás había vivido. Aquí, los “profesores y estudiantes caminan varios kilómetros al día para llegar. Hay niños de pre-escolar y primaria en escuelas con recursos muy limitados donde hay solo un pizarrón y una tiza. Ahí falta muchísimo por hacer. Ojalá en el futuro se tenga más y mejor acceso a materiales didácticos y formación docente, creativa, atingente a las realidades locales, que aproveche la riqueza del pueblo haitiano, su música, su folklore y, por sobre todo, su lengua materna, el creole” explica Jorge.

Los desafíos son tremendos. Siempre lo serán. Jorge pudo verlos y vivirlos en terreno, por eso los hace propios: “hay que continuar con el proyecto de desarrollo de un programa de Primera Infancia como se venía trabajando con Foi et Joie. Una propuesta a partir de un diagnóstico integral, el desarrollo de comunidades de aprendizaje, comenzar un debate sobre qué es y cómo se logra educación de calidad. Los voluntarios que están trabajando en ello y las personas encargadas están haciendo un buen trabajo”. A sus ojos, hay mucho por hacer, pero estos son los primeros pasos.

Haití fue inolvidable. Cada vez que Jorge recuerda su paso por ese país lo hace con alegría y esbozando una sonrisa. El cariño que le tiene a la isla es innegable. A veces, era una aventura diaria. Sin duda, Haití dejó en él mucho más que odiseas, dejó “el haber conocido a un grupo de gente impresionante. La importancia de vivir con la mayor alegría posible el día a día. Aprendí la importancia de lo simple, lo básico, lo importante que es el agua, la luz, los detalles, darse el tiempo para hablar con el otro y mayor humildad”.

Para mayor infomación sobre el “Proyecto de Fortalecimiento Institucional Foi et Joie Haití” revisa esta presentación (formato PDF): Foi et Joie