Natalia Montaldo: la matrona de Wharf Jérémie

Haití
Natalia es de Santiago. Tiene una hermana menor y un sobrino. Ella vivía una vida tranquila practicando sus dos actividades favoritas: leer y andar en bicicleta, cuando tomó un compromiso que marcaría fuertemente su vida y carrera: convertirse en voluntaria profesional para trabajar en América Solidaria Haití.

¿Naty, por qué decidiste ser voluntaria?

Me motiva mucho la labor social, y sentía la necesidad y el desafío de salir de mi zona de confort y poner mis conocimientos y habilidades al servicio de quienes más lo necesitaran, como una forma de darle sentido también a mi carrera.

¿Cómo comenzó esta aventura para ti?

Comenzó la verdad bastante antes de postular, desde que salí de la universidad estaba siempre pendiente de América Solidaria y soñaba con algún día ser parte. Para poder llevarlo a cabo tuve que dejar todo lo que había construido hasta entonces: poner pausa a mi relación sentimental y dejar mi hogar que había formado desde cero.

¿Cómo es ser voluntario/a en América Solidaria?

Es una experiencia muy linda de mucha entrega y aprendizaje, que implica una gran responsabilidad con la sociedad, sobre todo con las personas más vulnerables y desfavorecidas. Para esto es necesario que quienes se embarcan en esta aventura tengan muy claro su sentido de servicio y de justicia, para que puedan ser un aporte real a la disminución de la pobreza y de las desigualdades.

¿Cómo fue trabajar con los maestros/as, y sus compañeros voluntarios/as ?

Fue una experiencia increíble de aprendizaje y crecimiento, tanto profesional como personal. El compartir con personas tan distintas, de diferentes culturas y países es un desafío importante a la flexibilidad y que te va enseñando a acercarte al otro de una manera respetuosa, bajando los prejuicios y barreras y aceptando y entendiendo al otro con toda su globalidad (hábitos, cultura, costumbres, etc.)

¿Cómo fue la relación con el equipo de América Solidaria Haití?

Fue una relación muy cercana y agradable. Es súper positivo sentir que se disuelven las jerarquías y que todos juntos estamos trabajando de manera horizontal y colaborativa por un objetivo en común.

¿Cuál es tu mejor experiencia como voluntaria en Haití?

Lo que más me deja lleno el corazón en esta experiencia fueron los lazos que pude construir con Haití y con sus personas: los niños y niñas, las profesoras, el personal del hospital. El hecho de trabajar de manera sincera y entregar el corazón en el día a día genera que la recepción sea igualmente abierta y cariñosa, sentí que me abrieron las puertas de su trabajo y de su vida, que pudimos establecer relaciones de amistad y cariño más allá de lo laboral. Además me enamoré del país y traté de conocerlo desde sus raíces y empaparme de su cultura, por lo que me siento casi una haitiana más.

¿Qué experiencia te ha marcado más?

Lo que más me marcó y me conmovió fue la vulnerabilidad a la que están expuestos los niños y niñas y las mujeres con las que he trabajado, bebés y madres de Cité Soleil, cuando todos como sociedad no nos hacemos cargo de luchar por asegurar que sus derechos y necesidades básicas sean garantizados.

¿Qué crees que te aporta este año de voluntariado en términos de conocimiento y experiencia?

Creo que un aprendizaje muy lindo que me deja esta experiencia es el aprender a bajar los prejuicios y barreras y acercarme a las personas desde el corazón.

En lo laboral gané mucho en flexibilidad, trabajo en equipo y en poder gestionar procesos y servicios con un mínimo de recursos, usando la creatividad y el ingenio. También me quedo mucho con la importancia del trabajo en equipo a toda escala, activando redes y uniendo voluntades en distintos niveles; a no quedarse de brazos cruzados y buscar, porque siempre existe una manera de hacer algo más.

¿Con qué sentimiento dejas Haití?

Dejo Haití con muchos sentimientos encontrados, fue un lugar en el que dejé mi corazón para entregar todo lo que tenía, en favor de lograr que todo lo que hicimos fuera efectivo. También en eso me vinculé mucho con las personas, por lo que me voy con mucha tristeza por separarme de ellos y por dejar este país que se robó mi corazón. Sin embargo, también tengo una gran alegría por haber tenido la oportunidad de vivir esta experiencia y de sentir que fue significativa también para la comunidad, ver los resultados del trabajo y escuchar que están contentos y agradecidos, sentir todo su cariño me genera una satisfacción inmensa.

Me voy con mucha emoción y con mucha motivación también para seguir aportando desde donde esté para disminuir las desigualdades y las injusticias de las que somos testigos a diario, y que perjudican a quienes se encuentran más vulnerables.

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Johanne Elima Chachoute

Encargada de Comunicación